Como se desconoce la duración de la protección generada por la enfermedad en sí, y porque existe la posibilidad de reinfección, aunque rara, la vacunación está indicada independientemente de antecedentes de enfermedad o infección por SARS-CoV2.

Hasta ahora, no hay evidencia de preocupación acerca de la seguridad en la vacunación de personas que han tenido COVID-19 o tienen anticuerpos detectables contra el SARS-CoV-2. También es poco probable que la vacunación de individuos infectados asintomáticos o en período de incubación cause algún daño.

De todos modos, la vacunación de personas con síntomas respiratorios sugestivos de infección activa debe posponerse al menos cuatro semanas después del inicio de los síntomas, para evitar cualquier asociación temporal entre las complicaciones de la COVID-19, que pueden ocurrir dentro de este período, incluso en aquellas con síntomas leves. La vacuna sólo debe aplicarse después de la recuperación clínica completa o, en el caso de pacientes asintomáticos, cuatro semanas después de la primera muestra positiva de RT-PCR.