La secuenciación genética del virus SARS-CoV-2, responsable del COVID-19, demostró que tiene más del 92% de similitud con RaTG13, un tipo de coronavirus que circula en murciélagos. Las diferencias entre los dos se distribuyen al azar, lo que indica un proceso de evolución natural, probablemente con un huésped intermedio entre los murciélagos y los humanos.

Las posibles modificaciones genómicas artificiales no tendrían características aleatorias y serían fácilmente detectables. Aparte de eso, desde un punto de vista económico, no tiene sentido que un laboratorio cree un virus sin tener la solución y compartir las ganancias con todos los competidores.